Instrucciones: escribir una pequeña continuación (media cuartilla) del cuento de Neblina. entrega lunes 13 de diciembre. En computadora, letra arial número 12.
Neblina
por Luis Llamas
Praga 1607
La neblina se dispersaba por la ciudad. Las antorchas iluminaban, con trabajos, la noche. Los hombres en silencio, caminaban con cruces en las manos y estacas recién hechas. Absortos por el silencio escucharon un aleteo por los cielos. El miedo se apoderó de ellos y comenzaron a levantar sus cruces. Unos prepararon las estacas para cualquier enfrentamiento. Iván, de apenas dieciséis años, empezó a buscar entre la neblina los aleteos, nervioso alcanzó a Vladimir para sentirse protegido.
Al llegar al río, la neblina empezó a dispersarse y todos quedaron atónitos al ver una mujer caminar por las aguas. Vestía de blanco, su cabello rubio llegaba hasta la cintura y su rostro era pálido como la nieve. Era tan hermosa que algunos hombres, al verla, bajaron las cruces. Vladimir les gritaba que no la vieran, pero no hicieron caso, Iván sacó de su bolso una cruz de plata (regalo de su abuelo) y la sostuvo en su pecho. Ella caminó hasta la orilla hacia los hombres, sonrió, y, acto seguido, extendió sus alas. Todos intentaron correr, de nuevo, el aleteo se escuchó por el cielo, y empezaron a caer muertos, uno por uno, con el cuello ensangrentado. Vladimir e Iván corrieron y la mujer se presentó frente a ellos.
La vampiresa escondió sus alas y limpió sus labios de la sangre. Se acercó lentamente hacia ellos. Vladimir intentó, nerviosamente, sacar el agua bendita del bolso cuando Iván se adelantó y puso la cruz de plata frente a ella, primero soltó un grito, luego empezó a reírse y se acercó hacia el muchacho, cuando ya estuvo a una distancia moderada de él; observó que la mujer era muy hermosa. Ella extendió su mano, y con una voz suave, casi angelical, dijo:
—Ven conmigo.
El muchacho levantó su mano y quiso tomarla, en eso, el rostro de ella se desfiguró y empezó a gritar, Vladimir la había rociado con el agua bendita.
—¡Ya no la veas! —gritó Vladimir al muchacho.
Iván salió del trance. Sujetó con fuerza la cruz y se preparó, cuando la mujer se dirigió hacia ellos de nuevo, con el rostro bello, como si nada hubiera pasado; quiso atacar primero a Vladimir. Ella sacó sus colmillos y forcejeó con el hombre, Iván se lanzó hacia ella y con la cruz de plata empezó a pelear también, hasta que, en un movimiento rápido por parte del muchacho, enterró con fuerza la cruz en el pecho de la mujer. Lo vio, y después gritó hasta que la piel se secó y se adhirió a sus huesos. A los pocos minutos, el primer rayo de sol iluminó el bosque, y el cuerpo momificado de la mujer quedó hecho cenizas. Vladimir abrazó al muchacho.
—¿Estás bien? —preguntó el hombre a Iván.
Iván empezó a llorar, después se quitó la camisa, y el hombre se percató de unos pequeños orificios en el cuello del muchacho; durante el forcejeo, la mujer había alcanzado a morderlo. El hombre le dio un beso en la frente y se retiró del lugar solo, con la cruz de plata en sus manos. No tuvo corazón para matarlo.
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