Un tema de profundidad… no profundo.
Luis Llamas
La profundidad de una novela es la razón de leerla. A qué me refiero con “la profundidad” de la novela; es simple, al manejo de un tema, es decir, cómo se estructura, cómo se va limitando, cómo se complementa, en pocas palabras, la “fuerza” que el autor le da para que tome significado. Algunos temas se ponen en moda cierto tiempo, y hace referencia con la especulación de las personas. Empecemos, por ejemplo, con El código Da Vinci, donde Dan Brown hace y deshace el tema del linaje de Cristo, siendo, claro, un final tan lógico y obvio que fue criticado (y no para bien, pues ganó una demanda por parte de Baigent y Leigh que argumentaban que la novela del señor Brown, se basa en la teoría que los investigadores exponen en su libro, y que les llevó más de diez años en las conclusiones). Después de Dan Brown, se dejaron venir, para bien de las librerías, todo lo referente a conspiraciones, asesinatos, cámaras secretas, linajes sagrados, últimos y primeros templarios, todo lo referente a secretos bíblicos ocultos en bibliotecas, y después encontrados para desencadenar una trama, de por sí, ya leídas. Y que hasta ahora siguen teniendo lectores (en horabuena, se trata de leer).
Luego las librerías se llenaron de colmillos. Sí, de por sí ya teníamos con los antecedentes de las sociedades secretas, ahora nos legaron los vampiros. Y gracias, claro está, a la saga lerda de “Crepúsculo”, “Luna Nueva” —basadas en los libros del mismo título— y toda la flota vampírica que ya nos había bombardeado en los noventas: “Entrevista con el vampiro” (que por ende, bien realizada y apegada a la tradición del los vampiros, pues en este film no brillan con el sol, ni defienden a amores donde la humanidad se refleja en una especie de virginidad, ni se pelean con licántropos en una guerra demasiada infantil, ¡ni se reflejan en el espejo!) y aprovecharon en reeditar varios libros de la señora Anne Rice, la dama de los colmillos.
Sin embargo, la era de los vampiros no ha tenido tanto auge como las sectas cristianas; aunque sí ha influenciado a otros escritores americanos como Becca Fitzpatrick y su libro Hush, Hush, aquí pongo reseña:
Nora Grey, una alumna aplicada en busca de una beca para la universidad, vive con su madre viuda en una granja a las afueras de Pórtland, Maine. Cuando Patch se convierte en su nuevo compañero de instituto, Nora siente a la vez atracción y repulsión hacia este extraño personaje que parece tener acceso a sus pensamientos. Luego se entera de que Patch es un ángel caído que quiere convertirse en humano. Nora está bajo su control, pero hay también otras fuerzas en juego y de repente se encuentra viviendo hechos inexplicables y en medio de una situación muy peligrosa.
¿Les suena a algo? Claro, a la saga “temible” de vampiros comandada por Stephenie Meyer. Pues la estructura va así: ella, llamada Nora, es una simple mortal, con problemas de autoestima, donde se adentra en sí misma, en pocas palabras, la incomprensible; conoce al ya mal logrado Patch, un tipo duro, con mala finta, ah, y que la ve “feo”. Él es un ángel caído, sí para no decir que se llama Edward y es un vampiro. Y… y… se enamoran, sí eso era, tan difícil de comprender.
La cuestión está en que la novela americana de ese estilo va dirigido a un público juvenil, necesitado de un vampiro, perdón, de un ángel caído, perdón, quise decir de un tipo malo, diferente, que las haga sentir las más humanas en un mundo tan tecnológico, sin padres (pues trabajan todo el día) donde las redes sociales forman gran parte de la vida, y sin ellas no podemos vivir. Y, por cierto, ya tiene su saga, la novela se llama Crescendo, y es la continuación del gran amor de Nora y Patch. No lo olviden.
El tema es interesante, si se maneja fuera de escuelas y adolescentes. Si la escribiera, por ejemplo, Philip Roth, para seguir con las letras americanas, sería una novela “profunda” pues el escritor, la manejaría en un grado de complejidad con un estilo fino y concreto.
Pero, en efecto, lo bueno de esta literatura escatológica es que se lea, y ese fin, va positivamente.
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