lunes, 21 de marzo de 2011

cuento para el 201

Beatriz, la polución

Mario Benedetti

Dijo el tío Rolando que esta ciudad se está poniendo imbancable de tanta polución que tiene. Yo no dije nada para no quedar como burra pero de toda la frase sólo entendí la palabra ciudad. Después fui al diccionario y busqué la palabra imbancable y no está. El domingo, cuando fui a visitar al abuelo le pregunté qué quería decir imbancable y él se rió y me explicó con buenos modos que quería decir insoportable. Ahí sí comprendí el significado porque Graciela, o sea mi mami, me dice algunas veces, o más bien casi todos los días, por favor Beatriz por favor a veces te pones verdaderamente insoportable. Precisamente ese mismo domingo a la tarde me lo dijo, aunque esta vez repitió tres veces por favor por favor por favor Beatriz a veces te pones verdaderamente insoportable, y yo muy serena, habrás querido decir que estoy imbancable, y a ella le hizo gracia, aunque no demasiada pero me quitó la penitencia y eso fue muy importante. La otra palabra, polución, es bastante más difícil. Esa sí está en el diccionario. Dice, polución: efusión de semen. Qué será efusión y qué será semen. Busqué efusión y dice: derramamiento de un líquido. También me fijé en semen y dice: semilla, simiente, líquido que sirve para la reproducción. O sea que lo que dijo el tío Rolando quiere decir esto: esta ciudad se está poniendo insoportable de tanto derramamiento de semen. Tampoco entendí, así que la primera vez que me encontré con Rosita mi amiga, le dije mi grave problema y todo lo que decía el diccionario. Y ella: tengo la impresión de que semen es una palabra sensual, pero no sé qué quiere decir. Entonces me prometió que lo consultaría con su prima Sandra, porque es mayor y en su escuela dan clase de educación sensual. El jueves vino a verme muy misteriosa, yo la conozco bien cuando tiene un misterio se le arruga la nariz, y como en la casa estaba Graciela, esperó con muchísima paciencia que se fuera a la cocina a preparar las milanesas, para decirme, ya averigüé, semen es una cosa que tienen los hombres grandes, no los niños, y yo, entonces nosotras todavía no tenemos semen, y ella, no seas bruta, ni ahora ni nunca, semen sólo tienen los hombres cuando son viejos como mi padre o tu papi el que está preso, las niñas no tenemos semen ni siquiera cuando seamos abuelas, y yo, qué raro eh, y ella, Sandra dice que todos los niños y las niñas venimos del semen porque este liquido tiene bichitos que se llaman espermatozoides y Sandra estaba contenta porque en la clase había aprendido que espermatozoide se escribe con zeta. Cuando se fue Rosita yo me quedé pensando y me pareció que el tío Rolando quizá había querido decir que la ciudad estaba insoportable de tantos espermatozoides (con zeta) que tenía. Así que fui otra vez a lo del abuelo, porque él siempre me entiende y me ayuda aunque no exageradamente, y cuando le conté lo que había dicho tío Rolando y le pregunté si era cierto que la ciudad estaba poniéndose imbancable porque tenía muchos espermatozoides, al abuelo le vino una risa tan grande que casi se ahoga y tuve que traerle un vaso de agua y se puso bien colorado y a mí me dio miedo de que le diera un patatús y conmigo solita en una situación tan espantosa. Por suerte de a poco se fue calmando y cuando pudo hablar me dijo, entre tos y tos, que lo que tío Rolando había dicho se refería a la contaminación atmosférica. Yo me sentí más bruta todavía, pero enseguida él me explicó que la atmósfera era el aire, y como en esta ciudad hay muchas fábricas y automóviles todo ese humo ensucia el aire o sea la atmósfera y eso es la maldita polución y no el semen que dice el diccionario, y no tendríamos que respirarla pero como si no respiramos igualito nos morimos, no tenemos más remedio que respirar toda esa porquería. Yo le dije al abuelo que ahora sacaba la cuenta que mi papá tenía entonces una ventajita allá donde está preso porque en ese lugar no hay muchas fábricas y tampoco hay muchos automóviles porque los familiares de los presos políticos son pobres y no tienen automóviles. Y el abuelo dijo que sí, que yo tenía mucha razón, y que siempre había que encontrarle el lado bueno a las cosas. Entonces yo le di un beso muy grande y la barba me pinchó más que otras veces y me fui corriendo a buscar a Rosita y como en su casa estaba la mami de ella que se llama Asunción, igualito que la capital de Paraguay, esperamos las dos con mucha paciencia hasta que por fin se fue a regar las plantas y entonces yo muy misteriosa, vas a decirle de mi parte a tu prima Sandra que ella es mucho más burra que vos y que yo, porque ahora sí lo averigüé todo y nosotras no venimos del semen sino de la atmósfera.

lunes, 7 de marzo de 2011

ensayo para el 201

Un tema de profundidad… no profundo.
Luis Llamas

La profundidad de una novela es la razón de leerla. A qué me refiero con “la profundidad” de la novela; es simple, al manejo de un tema, es decir, cómo se estructura, cómo se va limitando, cómo se complementa, en pocas palabras, la “fuerza” que el autor le da para que tome significado. Algunos temas se ponen en moda cierto tiempo, y hace referencia con la especulación de las personas. Empecemos, por ejemplo, con El código Da Vinci, donde Dan Brown hace y deshace el tema del linaje de Cristo, siendo, claro, un final tan lógico y obvio que fue criticado (y no para bien, pues ganó una demanda por parte de Baigent y Leigh que argumentaban que la novela del señor Brown, se basa en la teoría que los investigadores exponen en su libro, y que les llevó más de diez años en las conclusiones). Después de Dan Brown, se dejaron venir, para bien de las librerías, todo lo referente a conspiraciones, asesinatos, cámaras secretas, linajes sagrados, últimos y primeros templarios, todo lo referente a secretos bíblicos ocultos en bibliotecas, y después encontrados para desencadenar una trama, de por sí, ya leídas. Y que hasta ahora siguen teniendo lectores (en horabuena, se trata de leer).
Luego las librerías se llenaron de colmillos. Sí, de por sí ya teníamos con los antecedentes de las sociedades secretas, ahora nos legaron los vampiros. Y gracias, claro está, a la saga lerda de “Crepúsculo”, “Luna Nueva” —basadas en los libros del mismo título— y toda la flota vampírica que ya nos había bombardeado en los noventas: “Entrevista con el vampiro” (que por ende, bien realizada y apegada a la tradición del los vampiros, pues en este film no brillan con el sol, ni defienden a amores donde la humanidad se refleja en una especie de virginidad, ni se pelean con licántropos en una guerra demasiada infantil, ¡ni se reflejan en el espejo!) y aprovecharon en reeditar varios libros de la señora Anne Rice, la dama de los colmillos.
Sin embargo, la era de los vampiros no ha tenido tanto auge como las sectas cristianas; aunque sí ha influenciado a otros escritores americanos como Becca Fitzpatrick y su libro Hush, Hush, aquí pongo reseña:

Nora Grey, una alumna aplicada en busca de una beca para la universidad, vive con su madre viuda en una granja a las afueras de Pórtland, Maine. Cuando Patch se convierte en su nuevo compañero de instituto, Nora siente a la vez atracción y repulsión hacia este extraño personaje que parece tener acceso a sus pensamientos. Luego se entera de que Patch es un ángel caído que quiere convertirse en humano. Nora está bajo su control, pero hay también otras fuerzas en juego y de repente se encuentra viviendo hechos inexplicables y en medio de una situación muy peligrosa.

¿Les suena a algo? Claro, a la saga “temible” de vampiros comandada por Stephenie Meyer. Pues la estructura va así: ella, llamada Nora, es una simple mortal, con problemas de autoestima, donde se adentra en sí misma, en pocas palabras, la incomprensible; conoce al ya mal logrado Patch, un tipo duro, con mala finta, ah, y que la ve “feo”. Él es un ángel caído, sí para no decir que se llama Edward y es un vampiro. Y… y… se enamoran, sí eso era, tan difícil de comprender.
La cuestión está en que la novela americana de ese estilo va dirigido a un público juvenil, necesitado de un vampiro, perdón, de un ángel caído, perdón, quise decir de un tipo malo, diferente, que las haga sentir las más humanas en un mundo tan tecnológico, sin padres (pues trabajan todo el día) donde las redes sociales forman gran parte de la vida, y sin ellas no podemos vivir. Y, por cierto, ya tiene su saga, la novela se llama Crescendo, y es la continuación del gran amor de Nora y Patch. No lo olviden.
El tema es interesante, si se maneja fuera de escuelas y adolescentes. Si la escribiera, por ejemplo, Philip Roth, para seguir con las letras americanas, sería una novela “profunda” pues el escritor, la manejaría en un grado de complejidad con un estilo fino y concreto.
Pero, en efecto, lo bueno de esta literatura escatológica es que se lea, y ese fin, va positivamente.