miércoles, 15 de septiembre de 2010

cuento para el 101 y 301

Intrucciones: leer el cuento, no hay tarea para ambos grupos. el control de lectura para el 301 será el martes 20 de septiembre a las 7 am, y para el 101 será el miércoles 21 de septiembre a la 1:10 pm.
buen Puente!


Celos

Jesús Morgade

Él y ella caminan por los bosques pétreos circundantes de la ciudad fortificada en la que habitan. Es día de descanso y muchos deambulan sin rumbo fijo, perdiéndose entre los torreones de granito y caliza de formas psicodélicas que surgen por doquier. Como otras tantas parejas, él toma dos de las manos de ella mientras avanzan.
Mientras contemplan la luz de su sol entre las formaciones rocosas, otro se acerca repentinamente a ellos. Ella no es una de las más hermosas de su especie, pero sus ojos son diáfanos y hablan de la pureza de su interior. El otro no puede dejar de verla al pasar. Él se da cuenta. Sus fluidos internos hierven repentinamente y su piel se torna más azul de lo ordinario. ¿Cómo se atreve ese otro a mirarla precisamente a ella? Y lo peor, ¿cómo se atreve ella a devolverle la mirada?
Él la ama desde el primer día que la vio y la tuvo como posesión desde el día que decidieron unir sus vidas. Ella no puede ver a nadie más que no sea él y nadie tiene el derecho de posar su vista en ella. ¿Es tan difícil de entender? Ella siempre lo ha amado a él y en su interior no existe ni existirá nadie más.
Cuando el otro se cruza por su camino, y osa posar su vista en ella, él, en un acto involuntario, la toma con fuerza con la tercera mano. Deben de saber los dos quién pertenece a quién. La pareja prosigue su camino mientras que el otro se aleja de ellos sin volver la mirada.
Un poco más adelante encuentran otro extraño. Mira la delicada textura de la piel de ella. La ira vuelve a apoderarse de él. La toma con las cuatro manos con una fuerza inaudita. Ella lanza un silencioso gemido de dolor, pero sigue con él recorriendo el laberinto de rocas informes a donde acostumbran ir cada vez que tienen la oportunidad.

Un extraño más. Una mirada más a ella. Por temor a él, ella baja la vista, pero él no la ve. Su mirada está centrada en la forma como los otros la miran y en su interior sabe que ella les corresponde. De nada vale su presencia. De nada los sentimientos que tiene para con ella. Él sabe que ella irremediablemente volverá la vista a los otros, buscando, indagando, siguiendo, ¿amando? No lo puede soportar. Es demasiado para él.
Llegan a una vereda escondida, donde solían buscar el cobijo de las sombras para manifestar los sentimientos que tenían el uno por el otro. Él la dirige hacia allá con brusquedad. No puede permitir que ella vea a nadie más y menos aún, que ame a otro.
La aprisiona contra la pared de granito. Ella le suplica. Siente las esquirlas de roca hundiéndose en su piel. Él no la escucha, le grita que no puede haber en su vida nadie más que él. Ella le dice, en un lamento continuo, que no hay nadie más, que él es el único en su interior. Él no lo cree. La aprisiona con más fuerza contra la pared. Ella llora. Él no tiene compasión. Él sabe que la única manera de tenerla siempre con cerca, de que no haya otro, de que no ame a otro es haciéndola uno con él.
La rodea con todos sus brazos. Comienza a comprimir el cuerpo de ella con el de él. Ella siente como se va el aire de su interior. Gime y grita, pero no hay respuesta. Él la oprime con mayor fuerza contra sí mismo. El dolor de la fusión corpórea se hace más fuerte cada vez, pero él no cede.
A los pocos minutos no hay rastro de ella. Sus cuerpos se han fusionado en uno solo. Ella ha dejado de existir, pero él ahora tiene la seguridad de que le pertenece definitivamente.
Cae la noche en el planeta. Él vuelve a casa. Llega a la cocina. No hay comida preparada. Ese era trabajo de ella. Se prepara algo, pero no tiene sabor ni consistencia. Se sienta en la roca que está frente a la casa. Ella solía acariciarle la cabeza, ahora sólo siente el frío helado congelándole todo el cuerpo. Se retira a descansar y se duerme rápidamente. ¿Por qué no puede calentarse su cuerpo? Cuando ella estaba ahí, todas las noches eran tibias. ¿Qué sucede entonces? ¿No está ella ahí, con él, en su interior, fusionada con su cuerpo? ¿Por qué no puede sentir el calor del cuerpo de ella?
Se levanta desesperado. Deambula por la casa. La busca obsesivamente. No puede verla, ni sentirla. ¿Es que, a final de cuentas, logró alejarse de él? ¿Es que está con algún otro en ese momento? No puede ser, él la absorbió, ella le pertenece sólo a él. Pero ¿por qué no puede sentirla? ¿Es que no está en su interior? Sólo hay una forma de saberlo.
Toma una cuchilla filosa. Se dirige al bosque, a la cascada de plata que está cerca de la muralla de la ciudad. La luz del satélite natural de su planeta lo ilumina mientras se dirige hacia allá. Cuando llega, se mete en el metal líquido hasta que puede ver reflejado su cuerpo en la caída del fluido. Levanta la cuchilla, la dirige sobre sí mismo y la hunde en su cuerpo. Lo rasga de arriba abajo y abre la piel como las hojas de un libro. De ella no queda nada en su interior. Se ha esfumado. Él grita y la maldice mientras sus fluidos internos se funden con el metal que moja sus pies.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Tarea para el 101

Esta semana no habrá tarea ni lectura. Disfrutn.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Tarea para el 101

Instrucciones para el 101:

Leer acerca de su tema favorito (carros, aviones, música, etc. lo que se comentaron en la clase) y realizar un cuestionario de 15 preguntas con sus respuestas para comprender y analizar más el tema seleccionado por cada uno. Se calificará el cuestionario en la libreta. Es importante que las respuestas sean fundamentadas, es decir, no se aceptarán respuestas: sí, no, o respuestas cortas.

nota: el temario de comprensión se anexa la siguiente semana.

instrucciones para el 101 y 301:

Leer el cuento. Para el 101 el control de lectura será el lunes 6 de septiembre y el 301 el 7 del mismo mes.

Laura
Jesús Morgade

Vuelvo a mi casa después de un arduo día de trabajo. Estoy cansado, han sido días difíciles. Tengo un hambre canina, juro que me comería a un elefante si tuviera la oportunidad. En cuanto abro la puerta, me seduce el exquisito olor de uno de mis platillos favoritos. Quizás Laura quiera darme por fin un poco de tranquilidad. Los últimos meses ha estado aún más insoportable. Probablemente sea su manera de decirme que hará una tregua conmigo.

Sin embargo, cuando entro a la cocina, no hay otra cosa más que la pila de trastes sucios que desparraman el fregadero desde hace una semana. Confundido comprendo que Laura está cada vez más decidida a hacerme la vida miserable. Esto ya es intolerable. ¿Es que es imposible que un hombre llegue a su casa y no pueda comer pacíficamente?

Busco a mi esposa por todos lados. Como siempre se esconde de mí para que no pueda reprenderla por el hecho. La casa es un caos. Ropa tirada por todos lados, los muebles desalineados, la televisión encendida en un canal sin programación, los cristales empañados y los cuadros tirados en el piso. Subo a mi recámara y se repite la misma escena. Laura es verdaderamente insoportable. No tengo tiempo de esperar a saber dónde está y no quiero saberlo. Francamente estoy fatigado de estar lidiando con ella todos los días. Salgo de casa, iré a un restaurante que me acaban de recomendar en la oficina, aunque con todo lo sucedido, se me quitó el apetito. Espero que viendo a los otros comensales y sus platillos, mi estómago se anime a reclamar nuevamente su porción.

No sé cómo es que siempre sabe en qué lugar me encuentro. ¿Es que acaso contrató a uno de esos agentes secretos que se dedican a seguir a la gente? Lo cierto es que aquí está, mirándome con sus enormes ojos inexpresivos, como reprendiéndome que no esté con ella en casa. Me quita la comida de la boca, mientras observo a mi al rededor para que los otros no se den cuenta que me ha manchado la camisa con salsa de tomate. Le fascina hacerme quedar mal, así que cínicamente, derrama la copa de vino tinto sobre el mantel que, para mi mala suerte, es blanco. No me queda otra más que salir del lugar con el estómago a medio llegar y abochornado por todos los incidentes, mientras los meseros me miran, aliviados porque me voy y deseando no volverme a ver por ahí. Ella, como en tantas otras ocasiones, se ha dado a la huída antes de poder recriminarle su actitud.



De nuevo a la casa, al caos, a la fatiga de esta vida que ya no es vida. Quiero dormir, olvidarme de todo, descansar. Pero mi mente se niega a mantenerse quieta. Me envía imágenes de Laura, de sus provocaciones, de sus arranques, de sus esfuerzos por arruinarme en todos los aspectos.

Recuerdo el día que fui a comer con Estela, era una simple comida con una amiga muy preciada. Laura se hizo presente, aún no logro entender cómo es que dio con nuestro paradero, porque jamás le comenté nada de nuestra reunión. Pero si provocó que Estela no quisiera volver a verme jamás. Le daba pequeños jalones a su silla, derramó la sopa aún caliente sobre sus piernas, le susurraba constantemente al oído, lo que la ponía cada vez más inquieta. Hice muchos esfuerzos por mantenerla en calma, pero todo fue en vano. Al ver mi insistencia, Laura la tomó por los cabellos y la arrastró por el pasillo. Estela se levantó, me gritó mil cosas delante de todos y salió del lugar.

Y no sólo con otras mujeres. Laura me sigue a dónde quiera que voy y no me permite socializar con nadie. Me estoy quedando solo. Mis amigos no me han invitado a ninguna partida de cartas desde el día en que se las arrebató de las manos y las esparció por el suelo; ningún partido de fútbol, porque no quieren más balones ponchados y porterías derribadas; nada de pesca porque no quieren terminar en el lago, empapados y fríos. Porque esa es otra de las linduras de mi esposa, el frío la sigue a todos lados, y es tal que logra congelar las expresiones de todos a su alrededor… y al mío.

Por fin el sueño me vence. Duermo profundamente cuando siento la gélida presencia de Laura junto a mí. Se mete dentro de las cobijas, roza su rostro con el mío, me besa, me acaricia y susurra a mi oído palabras de amor.

¿Cómo te atreves a hablarme de amor cuando estás destruyendo mi vida? Estoy desesperado, furioso; quiero que te largues, que te vayas para siempre de mi vida, que me dejes en paz…
Salgo de mi cuarto y me siento en la sala. Ella me sigue hasta allá y se detiene frente a la ventana. Me dice que no puede vivir sin mí, que me ama locamente, que no puede hacerse a la idea de perderme.

¿Vivir? Río histéricamente. ¿Vivir? Laura, ¿por qué no puedes entender que estás muerta desde hace más de seis meses? Estás muerta, no puedes perderme o amarme o temer mi partida, porque estás muerta. Déjame vivir mi vida, déjame volver a ser alguien, déjame buscar mi felicidad, déjame en paz.

Sus últimas palabras me dejan petrificado. Comprendo ahora que no hay escapatoria posible. Laura está decidida a perseguirme por el resto de mi vida. De sus labios fantasmales, emerge sólo una frase, un escalofriante gruñido mientras se desvanece en la nada: Entiende que eres mío y lo serás por toda la eternidad…